Profundidad de búsqueda de los detectores de metales

La profundidad de búsqueda de los detectores de metales, uno de los aspectos que más se valora al adquirir un equipo determinado, depende de muchos factores, como la mineralización del terreno, la densidad y humedad del suelo, las especificaciones técnicas del aparato y la pericia del operador, así como la forma, posición, tamaño, dimensiones y material del objeto.

Profundidad de busqueda de los detectores de metales

Profundidad de detección de los detectores de metales

Uno de los aspectos que más se valora al adquirir un detector de metales es la profundidad a la que puede llegar el detector. En la práctica esa pregunta es casi imposible de contestar, ya que la profundidad de búsqueda depende de numerosos factores.

En condiciones óptimas de búsqueda, un detector de gama media/alta puede localizar objetos del tamaño de una moneda de 10 céntimos a unos 5-10 cm, y objetos del tamaño de una moneda de 2 euros a una profundidad de 25-30 cm.

La profundidad de búsqueda de un detector de metales depende de muchos factores, veamos algunos de ellos:

  • Mineralización del terreno: lo mineralizado o no que esté el terreno, tiene gran influencia sobre la eficacia de los detectores de metales VLF. Cuanto más mineralizado esté el suelo, menos deja pasar la señal y más la refleja deslumbrando al detector. Por ello, un detector que en un suelo de muy baja mineralización puede detectar un determinado blanco a 25 cm de profundidad, puede que no lo pueda detectar en un terreno muy mineralizado a más de 10 cm o incluso menos. Por el contrario, a los detectores de pulsos no les afecta la mineralización del terreno.
  • Estado del suelo: las características físicas del suelo tienen gran incluencia en la eficacia del detector, en lo referente a lo compactado que esté, lo uniforme que sea su composición, lo húmedo que esté, la densidad y el grado de humedad medio desde que el blanco quedó enterrado en él. A este respeto, debemos destacar que los metales, al oxidarse, parte de la superficie del metal se disuelve en el terreno circundante en forma de óxidos que incrementan sensiblemente la detectabilidad del blanco al generar un efecto halo, por lo que cuanto más tiempo lleva enterrado y más húmedo está el suelo, más fácil resulta de detectar (excepto el oro, que no se oxida).
  • Tipo de material: los diferentes materiales tienen distinta respuesta al detector en que se refiere a desplazamiento de fase. Por ejemplo, ordenados según desplazamiento de fase ascendente, tenemos el hierro, oro, níquel, aluminio, plomo, cobre, plata y bronce.
  • Tipo de objeto: las características del blanco, como tamaño, forma, posición en la que se encuentra enterrado y superficie que expone al detector, son determinantes en la profundidad a la que puede llegar el detector. En general, dado que los detectores detectan la superficie que el blanco expone al detector, la forma que da mejor señal es la de moneda con agujero central en posición horizontal.
  • Tamaño de la antena: el tamaño de la antena o plato (coil o search coil en ingles) condiciona el tamaño mínimo del blanco que podemos detectar, así como la profundidad de búsqueda. Un plato pequeño permite detectar objetos de 2-3 milímetros de diámetro a costa de perder algo de profundidad de detección, mientras que un plato grande ofrece mayor profundidad de detección pero no detecta blancos menores a 3-4 mm de diámetro.
  • Ajuste de sensibilidad: en los detectores que disponen de ajuste de sensibilidad automático (auto track) que se encarga de ajustar el detector de forma automática a la mineralización del terreno, al emplearla generalmente estamos renunciando a un 20% aproximadamente de profundidad de detección. La máxima profundidad se consigue con la sensibilidad en manual y gran experiencia por parte de operador para evitar tanto señales falsas como pérdida de detección.
  • Especificaciones técnicas del aparato.
  • Pericia del usuario.

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