Reloj de pulsera automático

Un reloj de pulsera automático es un reloj de pulsera mecánico que lleva un mecanismo accionado por el movimiento de la muñeca del usuario, que evita tener que darle cuerda de forma manual. Por lo general, a los relojes automáticos también se les puede dar cuerda manualmente girando la corona, de tal manera que el reloj se puede mantener funcionando cuando los movimientos de la muñeca del usuario no son suficientes para dar cuerda o cuando no se usa.

Reloj de pulsera automatico

Características de los relojes de pulsera automáticos

Los relojes de pulsera automáticos son relojes mecánicos que, aprovechando el movimiento del brazo de su propietario, pueden darse cuerda a sí mismos, por lo que no es necesario darles cuerda manualmente.

Así pues, un reloj de pulsera automático es un reloj cuyo funcionamiento es mecánico pero que no necesita que el usuario le de cuerda manualmente. Esto se debe a que el mecanismo tiene un rotor, que es una pieza excéntrica que se balancea en forma oscilatoria sobre un pivote cuando el usuario realiza algún movimiento de la muñeca o el brazo. Ese movimiento es el que acciona el muelle de la cuerda del reloj.

En un reloj automático el resorte principal se enrrolla automáticamente como resultado del movimiento natural del brazo del usuario, proporcionando así la energía para hacer funcionar el reloj, haciendo innecesario dar cuerda de forma manual. Muchos de los relojes mecánicos que se venden actualmente son de cuerda automática.

En función de la forma de dar cuerda al resorte principal, los relojes de pulsera mecánicos pueden clasificarse en dos grandes grupos:

  • Manuales: genéricamente llamados de cuerda, requieren dar cuerda diariamente para apretar el resorte.
  • Automáticos: llevan un rotor alimentado por el movimiento de la muñeca del usuario que evitar tener que dar cuerda.

El mecanismo que da cuerda a los relojes de pulsera automáticos consiste básicamente en un rotor con un peso excéntrico, que gira alrededor de un pivote. Los movimientos normales del brazo del usuario provocan la oscilación del rotor, lo que se traduce a través de una serie de engranajes, en el enrollado del resorte principal.

En muchos casos, a los relojes automáticos también se les puede dar cuerda manualmente girando la corona, de tal manera que el reloj se puede mantener en funcionamiento incluso cuando no se usa, o cuando los movimientos de la muñeca del usuario no son suficientes para dar cuerda de forma automática.

El resorte principal de un reloj típico puede almacenar suficiente reserva de energía como para funcionar en torno a 24-36 horas, permitiendo que el reloj siga funcionando con normalidad aunque permanezca estático toda la noche. Una vez transcurrido ese tiempo, si no se usa, se requerirá darle cuerda en forma manual dándole vueltas a la corona. Se recomienda mover el reloj diariamente aunque no se utilice, para obtener un mejor rendimiento y exactitud.

Para las personas que no usan su reloj automático todos los días, existen unas cajas denominadas watch winder, cajas rotoras, cajas con rotor o robot gira-reloj, que permiten almacenar uno o más relojes automáticos y evita que se paren, ya que los mueve en patrones circulares para simular el movimiento humano, de tal manera que se acciona el sistema de cuerda automática, permaneciendo así los relojes siempre cargados. Este tipo de cajas que pueden almacenar y dar movimiento a los relojes que no estén en uso, son accionadas con baterías o con toma de red, y las hay con diferentes capacidades.

Los relojes automáticos generalmente disponen de un dispositivo de embrague de fricción que evita que el mecanismo de cuerda automática arrolle el resorte principal en exceso, o que una fuerza de impulsión excesiva pueda dañar el tren de engranajes.

Los relojes de pulsera mecánicos de cuerda automática presentan varias ventajas sobre los manuales:

  • No es necesario darles cuerda.
  • El resorte principal está siempre con la misma tensión, por lo que proporciona una salida de fuerza constante para el movimiento.
  • Son mucho más estancos contra el polvo y el agua, ya que al no tener que dar cuerda al mecanismo diariamente a través de la corona, los sellos de estanqueidad tienen una mayor durabilidad, protegiendo así en mayor medida el reloj de los agentes externos.
  • El resorte principal no puede ser dañado por un arrollado excesivo.

Como inconvenientes de los relojes automáticos podemos citar los siguientes:

  • Suelen ser más pesados que sus equivalentes de cuerda manual.
  • Suelen tener más grosor que los manuales, ya que el mecanismo de cuerda automática ocupa mucho espacio en la caja.
  • Debe prestarse atención para que no se queden sin cuerda, especialmente si el reloj tiene complicaciones, como calendario perpetuo o fases de la Luna.
  • Exigen mayor mantenimiento, debiendo relizarse una revisión completa, que implica el desmontaje, limpieza y lubricación, por lo menos cada cinco años para mantener el movimiento lo más preciso posible.

A pesar de que la cuerda automática se ha convertido en un estándar en los relojes de movimiento mecánico de calidad, los requerimientos de espacio para los mecanismos automáticos son mayores que para los relojes manuales. Esto se traduce en cajas más grandes y de mayor altura, así como mayor peso, por lo que muchos fabricantes de relojes de alta calidad continúan fabricando movimientos de cuerda manual, para quienes prefieren los relojes ultradelgados.

Aunque por lo general cuando hablamos de relojes de pulsera automáticos nos referimos a relojes de movimiento mecánico, ya que son los que necesitan que se les dé cuerda, también existe algunos modelos de relojes de movimiento electrónico que son automáticos y carecen de pila, en los que el movimiento de la muñeca del propietario mueve un pequeño generador eléctrico que alimenta una batería recargable, en lugar de dar cuerda a un mecanismo mecánico como ocurre en los relojes mecánicos. Este tipo de reloj de cuarzo automático proporciona la precisión de un movimiento de cuarzo, junto con la comodidad de no tener que reemplazar la batería hasta que alcanza el final de su vida, que puede ser décadas.

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